miércoles, 24 de abril de 2013

Brilla.


Atardeceres rojizos. Intensos. A mi lado, alguien utilizando mi espalda de lienzo con interminables y sugerentes caricias. Me levanto y saco casi medio cuerpo a través de un gran ventanal y me roza una suave brisa. Una brisa que trae consigo aromas de muchos lugares, de mucha gente. Inhalo hondo para embriagarme con esos olores tan diversos. En días así, me siento volar. Quiero desplegar las alas y volar muy alto. Despegar, levantar mis pies del suelo y tocar una nube con las yemas de mis dedos. Saludar cortésmente a todas las aves que ahora estarían alrededor mío, y no sobre mí. Después, me sentaría en un tejado, mirando cómo el Sol se va escondiendo para dar paso a la reina de la noche. La Luna. Esa que brilla a pesar de que a su alrededor todo es oscuridad. Que sale todas las noches, aunque algunas no podamos verla. Al igual que las estrellas. ¿No os parecen preciosas? Cuando yo no era más alta que una mesa camilla de las que podéis tener en vuestro salón, mi abuela me decía:
- ¿Sabes que el Sol se llama Lorenzo?
- Lorenzo – repetía yo. - Pues que nombre más feo le pusieron sus papás.
- ¿Y ves la Luna? – Proseguía mi abuela sin hacer demasiado caso de mi ocurrencia. – La Luna se llama Catalina.
- ¡Hola Catalina! – saludaba yo intensamente con mis pequeñas manos. – Abuela, y esa estrella de ahí, ¿cómo se llama?
- Las estrellas, se llaman María – sonreía mi abuela.
- ¿Todas ellas? – decía yo asombrada.
- Claro, ¿has visto cuántas son? ¡No nos acordaríamos de todas si cada una tuviera un nombre! ¿No crees?
- Ya… Pero es que entonces, - replicaba yo – si dices ¡María! todas pensarán que es a ella a quien llamas.
Mi abuela reía y daba la conversación por terminada, mientras yo me quedaba en el balcón mirando ese gran cielo negro donde habitaban “Catalina” y las pequeñas “María” haciéndome miles de preguntas que prefería no resolver para no romper ese momento tan mágico.
Eso me lleva a pensar que, si “Lorenzo”, “Catalina” y las “Marías”, tienen nombres tan corrientes como cualquier otra persona de las que pisamos el suelo, nosotros también podremos, un día, brillar con esa intensidad que ellos lo hacen cada día y sin apenas descanso.

1 comentario:

  1. Pero que entrada tan bonita!! Sabes? Yo conozco personas que brillan más que muchas estrellas. Te lo juro. Las estrellas las observan pasmadas y se preguntan: "como puede brillar tanto?" Querer es poder. Solo hay que desearlo. Con más ganas. Con más fuerza!!

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